martes, 8 de diciembre de 2015

Naimad 09/12/2015


Una noche en casa con la cabeza llena de temor, ansiedad e ira
no es el momento más indicado para pensar en ti, sin embargo aquí estás.

Me gustaría ser como todos y fingir que no entiendo tus razones,
pero la verdad puede que no todos las comparten, pero saben que tras 
ese impulso de ser libre te condenaste a vivir encadenado a este
suelo que tanto odias, en boca de quienes nunca te quisieron y las
lágrimas de quienes creyeron en ti.

Fuiste un gran ser humano y pésimo mentiroso, aunque todos preferían creerte;
quisiste extender tu juventud pero nunca la supiste vivir y nunca aprendiste
lo necesario para vivir lo que venía después; creíste tanto en el amor que 
asumiste que jamás llegaría y sin intentar, sin buscar, cuando llegó al igual
que todos tus pequeños y grandes sueños fue una imposibilidad.

Buscar culpables o culpar a la vida está por demás, pues ni aquellas pequeñas
minas de pólvora encapsulada ni el río de licor que las arrastró para
romper el muro que tú mismo te construiste, ninguno creció en un árbol y la
vida te lo entregó como salida.
Así como tampoco hubo una mano que pusiera tan explosivo cocktail en tu mano.

En tus últimas letras pides perdón e intentas explicar tus razones,
nadie las acepta y prefieren culparse los unos a los otros.
Ambos sabemos que la culpa la tuviste tú, y no te reclamaré que hayas
echado abajo los muros que te apresaban. Pero si te odio por llevarte las
cadenas puestas y caminar eternamente con ellas.

Muchas veces siento que las escucho y que si te soltabas de ellas
tal vez pudiste salir volando de tu cárcel sin necesidad de destruir aquellas
paredes que te encerraban pero fuera de ellas habían muchas notas de quienes
te quisieron con tus faltas, tus mentiras y tus fracasos. Te quisieron
por ser humano.

Te conocí lo suficiente para convertirte en un amigo entrañable y
al mismo tiempo muy poco para decir que conocí todos tus secretos,
sé que tus miedos se te fueron presentando uno a uno y que el peor
de todos te lo llevas como cadena condenándote a seguir en el suelo del que
siempre quisiste salir.
Te acostumbraste tanto a ser bueno, que tu cadena más pesada es dejar 
tanto llanto al ver destruidos con aquellos muros cada nota, cada "te quiero" y
cada abrazo que recibiste.

Sigue tu camino y espero el desgaste rompa eventualmente tus cadenas.
Buen viaje y hasta pronto.

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