martes, 26 de julio de 2011

Iron Man 26/07/2011




Hacía tan solo un par de días había hablado con él, se oía tal vez un poco menos animado que de costumbre pero en sus palabras no pude oir dolor, ni pena o algún indicio de lo que su mente maquinaba para si mismo.
Nació dentro de una familia promedio donde nunca sobró el dinero, pero nunca pasaron hambre, muchas veces fue privado de lujos pero en su pequeña cabecita en ese entonces se sentía un alíen con residencia vitalicia en la tierra, con la esperanza de que tarde o temprano vendrían por él o al menos encontraría la ruta de escape para salir de la enorme burbuja que poco a poco lo fue enajenando, o más bien ensimismando. Los años avanzaron y el tiempo no hizo más que evidenciar la diferencia entre los terrícolas y él, pero ya las esperanzas de huir fueron desapareciendo, día a día la tierra que pisaba se fue convirtiendo en botas de concreto que le impedían correr.
Cariño no le faltó, pero su naturaleza no le permitía desarrollar algunas emociones terrenales, sentía afecto, costumbre pero no amor, ya que su deseo de partir era más grande que cualquier otro, incluso mayor al deseo de no estar solo. Entonces fue fortaleciendo su armadura para así no sentirse vulnerable a las penas de amor y otros demonios.
De un par de años hacia acá él empezó a sentir los achaques de la soledad, ya con botas de concreto tan pesadas que lo mantendrían en ésta tierra por siempre, y con su armadura totalmente sellada le sería imposible dejarse golpear mor emociones más allá de las que permite la cabeza, amigo de muchos por costumbre, pero lejos de ser quien todos esperaban que sea, entonces su armadura aun la reconocían, pero por dentro era otro sin luz, sin sueños… sin vida.

Hoy me han preguntado de ti, y he dicho la verdad, hablamos hace un par de días y desde entonces no sé de ti. Todos están preocupados por tu ausencia, han encontrado una gran armadura de hierro junto a un par de botas de concreto, pero no hubo rastro de ti. Será que has regresado a casa o has encontrado finamente un hogar, un lugar donde no necesitas llevar una armadura porque no sientes miedo de sentir.
Hay muchas teorías al respecto, pero nadie tiene certeza de tu paradero, algunos lloran pero no sé si lo hacen por tu partida o porque están felices de que ahora estás “posiblemente” en un mejor lugar, mucha gente parte a diario dejando un vacio enorme en la vida de sus seres queridos.
Pero tu decidiste no caer en las brasas del fuego de Cupido, preferiste dejar en muchos un vacio casi imperceptible para muchos, te conformas con que te recuerden con afecto no mayor al que despierta un cachorro, una flor, o un cálido abrazo.

Voy al lugar de los hechos y veo tirada tu armadura, más bien parece que estás dormido, la acomodaste muy bien por lo que me da a pensar que no tuviste mucho apuro por partir. Todos están ahí pero ninguno está contigo, aunque solo cumplo con un mero cliché, siento la necesidad de acercarme a ti para despedirme de quien alguna vez moró aquella enorme armadura de hierro.
Nunca la había visto con detenimiento, veo que tiene muchas abolladuras, también veo que en el pecho hay golpes de tus propios puños, lo asumo porque solo un puño de hierro dejaría marcas en tu pecho irrompible, bajo mi mirada hasta llegar a tus botas de concreto, aquellas pesas que no te permitieron volar antes, levantarlas es imposible pero la curiosidad me lleva a ver dentro de ellas.

Oh amigo!! Qué ha sido de ti, al ver dentro de tu bota me doy cuenta que nunca partiste, simplemente te consumiste, encuentro tu cuerpo convertido en algo parecido a un avecilla que sin plumaje ha caído del nido sobre una fría tumba de concreto.
Te tomo en la palma de mi mano y el sol sobre tu cuerpo te da un último destello de vida, y me miras pidiendo que sea prudente y con tu final acercándose llevas tu dedo índice a tus labios, dejándome en claro que quieres que no diga nada, ahora entiendo que consumirte fue la via que encontraste para poder ser libre y partir a aquel lugar del cual sentiste que nunca debiste salir.

Dias y lunas pasan y todos los que te lloraron ya se han resignado a no verte más, y su mayor consuelo es que creen que puedes estar en un mejor lugar, pero por mi parte el impacto me hizo derramar una o dos lágrimas cuando te tuve en mi mano, pero no he vuelto a llorar porque a diferencia de ellos, yo no creo…. Estoy seguro que hoy te encuentras en un mejor lugar, talvez no fue la manera más adecuada de partir, pero debes estar feliz y prefiero pensar en tu brillo actual y no en la obscuridad que te rodeó durante tanto tiempo.