Paolo ha decidido callarse ya que siente que nadie lo escucha.
Pues para él charlar es un inútil intercambio de sonidos porque en realidad cada palabra dicha es un lienzo blanco que al entrar en la mente de otra persona se convierte en una romántica obra de Girodet, una abstracta belleza de Dali o incluso puede tornarse en un cuadro de naturaleza muerta a blanco y negro, muriendo, siendo así incapaz de despertar emoción alguna.
Para él cada quien escucha lo que quiere y no hay manera alguna de ingresar al tabernáculo personal de cada individuo, aquel lugar donde se guardan éstas obras que una a una van convirtiéndose en bloques que
forman una pared de historia no necesariamente vivida pero real en la mente de quien la mira.
Paolo creía ser de aquellos que dicen lo que piensan y sienten, pero la verdad es que solo es resultado de lo que su mente lee en una pared que lejos de mostrar su historia, se ha convertido en una película muy bien estructurada, donde posiblemente el final sea inesperado,
Mas con el fin, la historia se reescribe o empieza nuevamente, pero lo triste del cuento es que no será una saga, y el adiós de Paolo no será un hasta luego.
Pero luego del fin -con suerte- podrá construir un muro de fotografías y no de pinturas inspiradas en lo que pudo ser y no fue, plasmadas en lienzos de frustración que solo dejaron nostalgia de una mentira en lugar de recuerdos de una vida.
Paolo no sabe si al final de su película alguien -sin él saberlo- haya tomado una fotografía suya y la guarde en un muro de memorias o al menos cerca de aquella pared donde los recuerdos no mueren.
Por lo pronto a firmar imágenes de quien todos esperan ver en pantalla,es un buen plan...
Paolo decide callar pero pintarse una sonrisa hasta la escena final.
