martes, 9 de octubre de 2012

Ira 09/10/2012




No sé si encuentre las palabras para decsribir lo que tengo,
diría que es una extraña enfermedad nociva como un cancer
e invicible como una migraña.
Pero puedo decir su nombre, ya que muchos la han padecido
mucho antes de que viniera yo al mundo incluso, ésta enfermedad
se llama ira.

Cuando el cuerpo y la mente se cansan de recibir y proyectar
dolor, supongo deben cambiar de curso el rio de frustraciones,
errores y fracazos.
Éso me pone al borde de una cascada mirando hacia abajo, y con
puños cerrados solo pienso en lanzarme golpiando al aire,
porque creo que en él yacen aun promesas, mentiras y demás
charlatanería que recibí de quienes supieron decir la palabra correcta
en el momento correcto, y se convirtieron en mis compañeros de ruta
y un diario para mis secretos más íntimos.

Hay solo un detalle...
Nunca supe manejar la ira, y mi conciencia sabe que todas esas ideas
locas que invaden mi mente, deben quedarse ahí porque ni somos
inmortales, ni tengo inmunidad a las leyes de los hombres y mucho
peor a las de Dios.

Pero no puedo negar que solo la libertad que pueden darme: un
lapiz, mi voz y las palabras, liberan de mi dichos pensamientos negros.

Cada nota que entono cantando una cancion con letra violenta que
explique de una u otra forma lo que siento, se convierte en un himno
que al ser cantado o gritado incluso, me recuerda que si hay alguien
que me entiende y ese soy yo.

Sentir que mis dedos se retuercen como queriendo dibujar mi propio
infierno, solo son sanados dejando que el grafito haga lo suyo en el papel.
Cuando al fin de esa lucha entre papel y lapiz puedo ver rostros y miradas
de ira y venganza.
Es bueno poder dequitarme con ellos enviandolos a las llamas o
simplemente cerrandolos dentro de mi puño y echandolos lejos de mi.

Y cada palabra escrita...
Vaya, creo es el VALIUM que recibe mi mente para controlar la
anciedad de destrucción que me quema las venas, pidiendome a cada
segundo dejarla salir.
No es poesia, no necesariamente es un relato pero solo sé que es real
y me hace sentir acompañado, porque no sé si mañana tenga éstas mismas
palabras en mente pero sabré que hoy pude decir todo lo que necesitaba,
y nadie me dijo:
No puedo hablar, cambiemos de tema, las cosas no son así y demás excusas
y patrañas que suelen decir aquellos extraños a los que les confiamos la vida.

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