
Estoy cansado de caminar entre nubes con botas de concreto,
siento que con cada paso en el afán de no dejarme vencer por
el peso de mis botas, en el camino voy aplastando ángeles que
a diario cuidan de mi.
Éste camino tan suave me ha mal acostumbrado a matar por
comodidad, pero dentro de mi sé que quiero terminar con ésta
matanza de ángeles. Quedan tan pocos que es absurdo de mi parte
creer que todos son tan fuertes como tu.
Pues bien, luego de un preámbulo tan extenso debo decir que todo
ésto lo ecsribo por ti, porque en verdad no entiendo cómo alguien
que se cruzó en mi camino de una manera tan súbita, puede en tan
corto tiempo darme tantas lecciones de vida.
Si bien soy partidario de que ninguna persona se cruza en la vida
de otra por casualidad, la verdad es que a ti prefiero verte como
un ángel porque en mis dias han sido muy pocas las veces que vi
ojos como los tuyos, que evidencias bondad no actuada ni forzada.
Tu noble corazón me motiva a cambiar sin necesidad de estar unido
con el mio, lo hace porque al conocerte un poco más trae a mi mente
la posibilidad de convertirme en un ángel para ti.
Lo digo porque una de las cruces que cargas en tu espalda debo decir
que yo la he cargado desde hace varios años y sé el dolor que puede
causar intentar salir de un abismo con una cruz tan pesada a cuestas.
Quisiera ser tu ángel porque tengo miedo que dicha cruz te convierta
en alguien como yo, que por cuidar mi bondad, me la quité antes de luchar,
y hoy no la puedo portar porque la dejé olvidada en una esquina una noche
cualquiera.
En fin...
Gracias por aparecer en el momento justo para motivarme a ser mejor,
y aunque muchas veces quisiera cargar tu cruz para quedarme caminando en
nubes terrenales y dejarte libre para que estrenes tus alas y vueles.
La experiencia me ha enseñado que es mejor dejar que cada quien cargue sus
cruces, porque al fin y al cabo las nuestras pueden ser parecidas, pero no
necesariamente tienen el mismo pero o nosotros la misma fuerza para cargarlas.
Y sumado a eso, mi experiencia me dice que aunque tus palabras traigan paz
a mi vida, es mejor no bajar la guardia contigo, porque mi corazón hace mucho
que está hambriento y si lo dejo suelto estoy seguro que su ruta será directo
al tuyo. Y si eso sucede sé que abririas tus alas y te alejarias de
mi.
Despido ésta carta enviandote tres besos: uno en tu frente para alimentar
tus ideas brillantes, uno en tus ojos para que nunca pierdan su trasparecia y
uno en tu boca, pero no uno de pasión, sino uno de agradecimiento por todas
las palabras dichas a tiempo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario