
Una vez mas veo necesario limpiar mi cabeza de fantasmas y
nubes grices, siento que finalmente mis lagrimas capturarán a
cada una de mis penas y las expulsarán de mi cuerpo y de mi
mente. Este ritual por demás cómún, no siempre sucede de
manera expontanea muchas veces son los fantasmas quienes
toman como prisioneras a las lagrimas, evitando que salgan y
es ahí cuando el espiritu se siente impotente por que interviene
cada una de sus emociones pero ninguna logra liberar a las lagrimas.
Durante muchas noches mis lagrimas me pedian a gritos que les
de su libertad, pero cómo bajar la guardia de fantasmas, ellos
permanecen ahí siempre presentes, siempre alerta, manteniento
cautivas a las únicas capaces de limpiar mi mente.
Aprovechando su ausencia nubes grises son
cada vez mayores y nublan completamente mi cabeza.
Tal invasión me deja sin fuerza, me vuelve un maniquí animado,
alguien que vive por no ser soberbio, haciendome invisible
para mi mismo.
Matando mis ganas de vivir y eso es lo que mas me duele,
por que perder las ganas de vivir es la manera mas cobarde
de suicidio por que mueres pero sigues presente para
recordar a todos que algún día fuiste, y hoy solo eres.
Cuando la derrota es un hecho, el cuerpo es sabio y
anula el dolor, esa fue mi peor falla dejar de sentir, cómo
puedo esperar que fluyan fuera de mi aquellos fantasmas
si olvidé como sentir el dolor que me ocacionan.
Y sin dolor cómo no olvidar sacarlos de mi? pero hoy los fantasmas
que inundaron mi mente, fueron atacados por un soldado
que siempre está junto a mi, independiente del lugar físico
siempre está a mi lado nunca en mi cabeza.
Este soldado ha liberado mis lágrimas con palabras fuertes
pero llenas de cariño, el cariño mas puro por que no necesita
cuidar tono ni palabras, simplemente te dice lo que necesitas oir,
aún que ni tu mismo lo sepas éste soldado sabe que debe decir.
Luego de una agotadora limpieza mental, mis ojos me piden
descanzo, pero tengo la certeza de que ésta batalla la gané
junto a un batallon que envió a su representante y mañana mis ojos
ya repuestos dejaran de ver la puerta cerrada cada mañana
y se posarán en la ventana abierta, dejando entrar el sol
una vez mas a mi vida devolviendome las ganas de vivir,
ésta vez con experiencia de una batalla.
Una batalla que me demostró que la vida no es justa,
pero es mucho menos justo no vivirla.
(muchas gracias amiga, no sabes lo bien que me hizo
hablar contigo, creo que si me hicieron falta los chirlazos,
pero las palabras hicieron lo suyo)
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